En el momento en el que decides entrenar tienes, como en la vida, unas marcas en la piel, unas cicatrices, unos callos que condicionan la actitud con la que te relacionas con el grupo.

Yo creo en dos tipos de relaciones vitales en todo momento. En primer lugar, la relación Entrenador-Jugador.

La relación Entrenador-Jugador (Pista)

Ha de ser una relación vertical. Yo soy el entrenador, debo escuchar al jugador, pero al final YO decido. Creo ciegamente en la comunicación. El escuchar, el saber qué ve el jugador, qué siente dentro de la pista.

Al final soy entrenador, he sido jugador y no olvido que todo entrenador está condenado a entenderse con los jugadores, porque aunque al final decidamos, también es cierto que dependemos de ellos.

Eisenhower (militar y político americano) ya dijo que : “Es mejor tener una persona trabajando contigo que tres personas trabajando para ti”.

Y es que, en formación o a nivel profesional, el entrenador tiene un margen de maniobra y de decisión, pero siempre tiene una dependencia del jugador, de su estado anímico, físico y un punto que no hay que olvidar, de “acierto”.

En este ámbito entiendo que el líder ha de ejercer su jerarquía, mantenerse en su escalafón del cargo, exigir respeto y estar preparado para capear momentos difíciles con los jugadores.

La relación Entrenador-Jugador (fuera de pista)

Esta relación es VITAL. Por mi manera de ser no concibo un equipo sin este apartado. Ha de ser una relación horizontal. Desde mi punto de vista el entrenador tiene la obligación de mostrarse cercano, preocuparse por las inquietudes, conocer las situación personal, los conflictos…

Creo que es importante demostrar estar a la misma altura, no mostrarse frío e impenetrable.

Patrick Lencioni, escritor americano decía: ” Trabajar en equipo no es una virtud,

 es una elección consciente y voluntaria que surge construyendo lazos de confianza basados en la vulnerabilidad humana que muestran los integrantes del equipo, ante sus errores, temores, y dificultades.”

Como gestor del grupo es vital conocer a los jugadores y sus circunstancias, y abrirte para que los jugadores te conozcan. Hay que crear el espacio adecuado para comunicarse con ellos, ese espacio ha de ser regular, semanal.

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¿Por qué no seguir en el modelo YO entreno y mando?

Creo que este modelo está obsoleto, no funciona en la sociedad actual. Creo que uno de los objetivos más importantes como gestor de grupo ha de ser hacer rendir al máximo nivel al grupo y esto solo se consigue si el grupo juega para ti y se siente identificado con el líder. Para mi el entrenador-dictador que llega, entrena, y se va, no consigue nunca el mismo rendimiento que trabajando vinculándose con los jugadores.

Pienso que muchas veces el que no se vincula y marca una distancia, lo hace más por su inseguridad personal y que muchas veces creemos que los jugadores crearan esos lazos de unión que necesita el grupo. Como entrenador creo en actividades fuera de pista, en espacios de comunicación, en crear mediante la cercania esos lazos que el grupo necesitará para crecer.

¿Todo son ventajas el vincularse con los jugadores?

Con los años he ido aprendiendo a base de mis experiencias, como en todo en la vida hay muchos recuerdos buenos y hay alguna que otra cicatriz.

Siempre les digo a mis jugadores que uno de mis objetivos al final de la temporada es poder mirarlos a todos a los ojos, poder decirnos siempre las cosas a la cara y sobre todo, poder sentarnos a tomar algo o saludarnos de manera afectiva.

Mi experiencia me da la razón en este aspecto. Si te vinculas, si haces la cosas con sentimiento, los grupos dan mucho más de sí y con el tiempo, las relaciones con los jugadores són más estrechas.

Pero también tengo claro y grabado en mis cicatrices que cuando las relaciones se han deteriorado o cuando hay decepciones y has estado vinculado, el dolor es mayor, la herida sangra más que cuando no estás vinculado…

Al final, esto es parte de la vida, pero los que amamos el deporte, los que sentimos el baloncesto como una parte de nuestra vida, no podemos hacer las cosas sin sentimiento, sin corazón.

Por eso tengo claro que cicatrizaré como cada fin de temporada y seguiré viviendo las cosas al límite con PASIÓN Y ENTUSIASMO.

¿Qué mejor forma de hacerlo?